sábado, 12 de junio de 2010


La afición por la lectura según Prieto Figueroa


Es evidente que lograr una buena lectura y escritura sucede a través de un proceso gradual, se hace necesario que el alumno acepte que ambos procesos enriquecerán su conocimiento y le llevarán a crearse juicios propios. Por ello, hay que comprender que cada uno lo logrará cuando sienta la necesidad de hacerlo y siempre que reciba una buena estimulación de parte de su maestro.
Prieto Figueroa (1981), refiere en cuanto a la importancia de los libros, que cuando desde el hogar y la escuela primaria se ha despertado el amor hacia ellos la selección y el interés por los mismos se facilita .Un buen lector debe ser formado para que aprecie los tesoros maravillosos que pudiera encontrar en los textos.
Así mismo afirma:
Después de creado el hábito de la lectura, los jóvenes formados en presencia de las maravillosas colecciones infantiles, estarán capacitados para escoger su material de lectura. Corresponde a la escuela gran responsabilidad en este esfuerzo. Es en ella donde el estudiante depura sus gustos y se hace apasionado cultor de la belleza o un indiferente ante esta, y de acuerdo con ello irá en busca de los libros que satisfagan sus predilecciones o se apartara de estos con desgana. (P.18).
Lo anterior nos señala una vez más, que debemos fomentar este hábito de leer entre los alumnos, una buena manera es apartando momentos de la jornada para practicarla si no se cuenta con una biblioteca escolar, es preciso crear espacios donde se sientan cómodos y puedan efectuar lecturas comprensivas que también permitan el intercambio de ideas entre el grupo.
La lectura y la escritura son procesos indispensables en la educación y si captamos el interés de los alumnos podemos hablarles de temas que lo inciten a buscar más información, lo cual hará a través de la lectura. Requerirá meditar sobre ésta, pensar y repensar para poder comprender, pues muchas veces es más interesante el aporte que damos como lector a una obra que lo que está en si expresa.
Este autor critica de forma lógica a aquellos que afirman que “somos lo que leemos”, ciertamente no es así la lectura nos ayuda a encontrarnos con nosotros, al conocimiento de sí mismo. A veces, leemos por obligación y otras por placer pero muy pocas veces la lectura se hace como instrumento para alimentar nuestra alma. Al leer un libro debemos buscar su propósito y encontrar lo beneficioso que este tenga para nosotros. Si leer nos ayuda a pensar, para enseñar a que nuestros niños aprendan esto debemos inevitablemente fomentar la lectura en el aula.
Es de suponer que lo planteado por este autor en cuanto a la selección de libros ilustrados que despierten la imaginación de los niños sería maravilloso si tal como él dice estos estuvieran al alcance de toda la población, pero no es así algunas bibliotecas escolares no están lo suficientemente dotadas y algunos padres carecen de recursos para comprar tan siquiera el texto escolar. Es allí, cuando el estado debería aportar recursos para que las estrategias que se proponen en cuanto a los procesos de lectura y escritura se puedan desarrollar y alcancemos el objetivo primordial de la valoración de estos procesos.
Son muchas las actividades que quedan diseñadas solo en papel pues no se cuenta con material para llevarlas a cabo. Si bien el docente busca la forma de llevarlas a cabo, puede que en el hogar no se sepan aprovechar.
Para finalizar, me parece necesario comenzar por la importancia de que la educación llegue a todos. Realmente representa una limitación el hecho de proponer estrategias para fortalecer las competencias de lectura y escritura si cierta parte de los alumnos ni siquiera posee los útiles escolares necesarios para recibir una educación adecuada.
Las fallas que se observan en cuanto a estos procesos derivan de la mala alimentación, la pobreza y un sin fin de factores que influyen en que el alumno no alcance las competencias que se prevean para cada grado. Muchas veces tienen la intención y la motivación, pero el estar inmersos en estas circunstancias conllevan a que se desinterese o que lamentablemente “no aprenda”.
Entre las mayores preocupaciones que se vienen presentando se observa la gran dificultad de los alumnos para leer y escribir en forma óptima. La adquisición de estas habilidades es necesaria, pudiéndose calificar de indispensable para la asimilación de los conocimientos y el desarrollo de ciertas aptitudes en las diversas asignaturas del currículo escolar, pero es bastante difícil captar la atención de un niño que se encuentre en medio de tantos problemas.
Sin embargo, en algunos Estados se están implementando políticas para atender estos factores externos que inciden en el rendimiento académico del alumnado. Solo nos queda corregir las deficiencias que hemos venido observando y que se acentúan a lo largo de los años.
Con respecto a las estrategias aplicadas por el docente para el aprendizaje de la lectura y la escritura no han sido suficientes, el resultado es que estudiantes de la segunda etapa son incapaces de comprender lo que leen, y en muchos casos tienen dificultad para escribir un texto sencillo, por ello no cabe la menor duda de que el desarrollo positivo de estos procesos en los alumnos es una exigencia real para elevar la calidad educativa. Por tanto, debemos establecer las estrategias adecuadas para alcanzarlas.
Si le damos la importancia que se merecen a estos procesos y los cultivamos como hábitos, verdaderamente contribuiríamos a impartir una educación de calidad. Por esto, debemos ser persistentes en el aula para que los alumnos lean, interpreten, analicen y produzcan sus propias creaciones partiendo de sus ideas y pensamientos.
Esto implica ayudarlos a lograr esa conversión de sí mismos que les permitirá adentrarse en su interior y buscar soluciones a los problemas que le afectan tanto en el ámbito educativo como de la comunidad donde se desenvuelve como individuo. Nuestros discípulos, deben acceder a la verdad creando su propio concepto de las cosas como sujetos activos, más allá de la obediencia sumisa.
Por: Yskel Castro

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